El mundo sabe que cada 14 de febrero se celebra San Valentín. Lo que quizás no se conoce tanto es que cada 13 de febrero también se recuerda el Día del Infiel o, más matizado, del Amante. Sí, aunque existe un día para todo, lo bueno es que el calendario sirve una vez más como excusa para poder comunicar ciencia y salud. Resulta que hay un cuadro conocido como “síndrome del corazón roto” o “miocardiopatía de Takotsubo”, que habitualmente puede aparecer con una situación de estrés, como el desamor o un engaño, o bien, también a partir de su reverso de explosión positiva. Aunque se suele insistir en que nadie muere por amor, la evidencia científica destaca lo contrario.
El síndrome del corazón roto o miocardiopatía de Takotsubo se define como una disfunción transitoria del músculo cardíaco, específicamente del ventrículo izquierdo. A partir de síntomas como la falta de aire y dolor en el pecho/tórax, puede asemejarse a un infarto agudo de miocardio, aunque en el caso del Takotsubo no se advierte la obstrucción de las arterias coronarias.
El corazón, en esos instantes, se somete a una descarga potente de las hormonas del estrés (como la norepinefrina, la epinefrina y la dopamina) y se ve tan perjudicado que ingresa en una etapa de limbo. Aturdido, se ve imposibilitado de bombear sangre como de costumbre.
Adrián Baranchuk, presidente de la Sociedad Internacional para Holter y Electrocardiología No Invasiva, comenta a Página 12: “El 14 de febrero celebramos el Día de San Valentín. Es importante saber que hay aspectos vinculados con las relaciones interpersonales, con las parejas, con el amor correspondido o no correspondido, que pueden provocar un estrés capaz de afectar la mecánica y la actividad cardiaca de manera considerable”.
Y continúa: “El estrés conduce a la liberación de sustancias y hormonas que hacen que el corazón se active de manera inapropiada, con contracciones demasiado enérgicas y alteraciones del ritmo y la circulación. El síndrome de Takotsubo genera insuficiencia cardíaca, es decir, la falla en la función de bomba que tiene que efectuar el corazón y, por otra parte, el trastorno del ritmo cardíaco, que puede afectar los ventrículos”.
Como en todo lo que tiene que ver en salud, la recuperación es tan variopinta como personas existen en el planeta. Si bien hay individuos que se recuperarán del shock con velocidad, para otros puede ser fatal si se combina con factores de riesgo previos. A pesar de haber sido caracterizado décadas atrás, el proceso que describe desencadenamiento y desarrollo aún constituyen un enigma.
Un corazón que se deforma
Takotsubo quiere decir “trampa para pulpos” o “nariz para pulpos”. Según las mentes imaginativas de los científicos que realizaron el bautismo, durante el síndrome, el corazón se asemeja a aquellas vasijas (abombadas y con el cuello estrecho) que tradicionalmente usaban los pescadores japoneses como trampa para apresar a los animales.
Fue catalogado hace cuatro décadas, cuando un grupo de especialistas comprobó que, ante una situación emocional fuerte, el corazón de algunos individuos podía cambiar de forma y adquirir la de la vasija. De hecho, apunta Baranchuk: “Cuando hacemos un angiograma cardíaco, la imagen que se ve en el síndrome del corazón roto hace una referencia casi explícita al Takotsubo, a la vasija”.
Aunque el síndrome del corazón roto no distingue hombres y mujeres, algunos estudios señalan que es más común en estas últimas, sobre todo en el período que se abre luego de la menopausia. Dicho esto, lo cierto es que ningún grupo poblacional escapa al estrés que implica una relación insana.
Más allá del vínculo con el amor, desde espacios como el Centro Nacional de Informaciones Biotecnológicas de Estados Unidos aclaran que existe una variedad de eventos que pueden desencadenar el síndrome: desde conflictos de pareja a una pérdida repentina de un ser querido; pasando por accidentes y pérdidas financieras. También puede ser provocado por sorpresas de cualquier índole: desde descubrir una infidelidad hasta ganar la lotería.
Receta: construir relaciones sanas
Desde la Federación Argentina de Cardiología (FAC) comentan: “Es clave entender que el estrés emocional no es un concepto abstracto, sino un factor de riesgo cardiovascular real. Dormir mal, consumir alcohol en exceso, discutir, ocultar conflictos, vivir en tensión o atravesar situaciones afectivas puede desencadenar respuestas cardiovasculares adversas, desde arritmias hasta cuadros como la cardiomiopatía por estrés”.
Por este motivo, desde la FAC invitan a la construcción de relaciones humanas sanas, verdaderas, amorosas que fomenten la salud cardiovascular. A menudo, pareciera como si los sentimientos y el cuerpo fueran por dos carriles distintos. Sin embargo, todo lo que procesa la mente suele repercutir en el organismo de las más diversas maneras. El síndrome del corazón roto se vislumbra, en este sentido, como un ejemplo concreto al respecto.
“La prevención del estrés es fundamental, y para eso debemos combatir la soledad y el aislamiento social, y cuidar los vínculos amorosos. Como médico, recomiendo que mis pacientes se enamoren, pero que al mismo tiempo sepan que el desamor puede gatillar una situación muy alta de estrés”, remata Baranchuk.
Origen: Qué es el síndrome del corazón roto – Página|12
