El Parlamento Europeo aprobó la semana pasada las directrices que deberán cumplirse para respaldar el acuerdo comercial pactado con EEUU en agosto de 2025. Este acuerdo establece un límite del 15% en los aranceles para la gran mayoría de las exportaciones de la UE, incluyendo sectores estratégicos como el automóvil, los medicamentos, los semiconductores y la madera.
Aunque la Eurocámara apoyó el pacto, exigió que incluya mecanismos de suspensión en caso de que EEUU imponga nuevos gravámenes o ejerza presión económica sobre los Estados miembro de la UE. Entre las condiciones aprobadas figuraba el refuerzo de la ‘cláusula de suspensión’, que permitirá a la Comisión Europea proponer la interrupción total o parcial del acuerdo si EEUU aplica aranceles adicionales que superen el límite del 15% acordado en agosto o introduce nuevas tasas sobre sectores que hasta ahora no estaban afectados. Esta medida busca garantizar que la UE pueda proteger sus intereses frente a cualquier medida económica de Washington.
Para conocer en qué punto queda ahora el sector farmacéutico, David Cantarero, catedrático de la Universidad de Cantabria e investigador principal del Grupo de Investigación en Economía de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla (IDIVAL), ha explicado a El GlobalFarma «el aval del Parlamento Europeo a un acuerdo comercial entre la UE y EEUU marca un punto de inflexión relevante para el sector farmacéutico, especialmente si se analiza desde una perspectiva de farmaeconomía». Para el experto, tras este aval, «el sector se sitúa en una fase de transición, en la que se refuerza su proyección global y su capacidad competitiva, pero al mismo tiempo se intensifican las tensiones entre innovación, acceso y sostenibilidad».
Según Cantarero, en términos generales, el sector parte de una posición estructuralmente sólida, caracterizada por una alta capacidad de innovación y un peso significativo en la balanza comercial europea, pero también muy condicionada por crecientes presiones sobre los precios, la sostenibilidad del gasto sanitario y la competencia global. En este contexto, subraya que «el acuerdo introduce una mayor integración transatlántica que redefine el terreno de juego, tanto las oportunidades como los riesgos para la industria».
Respecto a cuáles serán los efectos más inmediatos, señala que uno de ellos se da en el acceso a mercado y en la intensificación de la competencia. «La reducción de barreras regulatorias y la posible convergencia en ciertos procesos de aprobación facilitarán la entrada de compañías europeas en el mercado estadounidense, tradicionalmente mucho más lucrativo», admite. Sin embargo, precisa que «esta misma apertura implicará una mayor competencia en el mercado europeo, especialmente en segmentos como los medicamentos genéricos y biosimilares». Desde el punto de vista farmaeconómico, indica que «puede generar importantes eficiencias derivadas de economías de escala, pero también una presión significativa sobre los precios, con el consiguiente impacto en los márgenes empresariales».
Otro eje fundamental, que para el experto es «a veces un ‘elefante en la habitación», es el relativo a la propiedad intelectual, un ámbito históricamente sensible en las negociaciones transatlánticas. En este sentido, Cantarero explica que «EEUU ha defendido tradicionalmente marcos mucho más estrictos y periodos de exclusividad más prolongados, mientras que Europa ha tratado de equilibrar los incentivos a la innovación con la necesidad de contener el gasto público». De este modo, abunda que «si el acuerdo refuerza la protección de la propiedad intelectual, es previsible un aumento del atractivo para la inversión en I+D, al mejorar las expectativas de retorno». No obstante, certifica que «este mismo refuerzo podría retrasar la entrada de genéricos, elevando los costes para los sistemas sanitarios y tensionando los propios análisis de coste-efectividad».
En paralelo, afirma que el acuerdo puede tener implicaciones indirectas sobre los mecanismos de fijación de precios. «Mientras que en EEUU predomina un modelo mucho más liberalizado, en Europa los precios están fuertemente regulados por las autoridades públicas», afirma. «La mayor interconexión de mercados podría generar presiones hacia una cierta convergencia, al menos parcial, en los niveles de precios o en los criterios de valoración de la innovación», añade. Según Cantarero, desde la farmaeconomía esto plantea un riesgo claro para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios europeos, que podrían verse obligados a asumir mayores costes si no se refuerzan los instrumentos de evaluación económica y priorización.
Por otro lado, admite que el acuerdo presenta oportunidades significativas en el ámbito de la innovación y las cadenas de suministro y el pipeline. «La colaboración en investigación y desarrollo podría, de este modo, intensificarse, facilitando ensayos clínicos más amplios y un mejor aprovechamiento de datos a ambos lados del Atlántico», abunda. Asimismo, confirma que «una mayor integración de las cadenas de suministro, como un “leverage”, podría mejorar la resiliencia del sistema, una cuestión especialmente relevante tras las disrupciones observadas durante la pandemia». Sin embargo, recuerda que esta misma interdependencia también introduce vulnerabilidades frente a posibles shocks externos o tensiones geopolíticas.
Finalmente, precisa que uno de los aspectos más estratégicos sobre el sector es el impacto sobre la regulación y la evaluación económica de medicamentos. «Una mayor armonización entre agencias como la europea y la estadounidense podría, a su vez, reducir tiempos y costes de desarrollo, pero también limitar la autonomía de los países europeos para tomar decisiones basadas estrictamente en criterios de eficiencia y sostenibilidad presupuestaria», indica. «Esto afecta directamente al núcleo de la farmaeconomía, ya que podría desplazar el equilibrio desde evaluaciones centradas en el valor hacia consideraciones más amplias de carácter comercial o estratégico», señala. Para Cantarero, «el reto principal será gestionar este nuevo equilibrio, garantizando que los beneficios de una mayor integración internacional no se traduzcan en un deterioro de la eficiencia ni de la equidad en el acceso a los medicamentos».
Origen: En qué punto queda el sector farmacéutico tras el aval de Europa al acuerdo arancelario con EEUU
