La científica Sandra Pitta respaldó los cambios en materia de propiedad intelectual y cuestionó con dureza el esquema vigente desde 2012: “Se aprovechó para copiar sin desarrollar y sin bajar precios”.
La científica Sandra Pitta se refirió en la 99.9 a la polémica por el régimen de patentes en la industria farmacéutica argentina y respaldó las medidas impulsadas por el gobierno nacional, al tiempo que cuestionó duramente el sistema vigente desde hace más de una década. “Estoy totalmente de acuerdo con lo que está haciendo el gobierno en esta área”, afirmó, al considerar que el país quedó rezagado en materia de propiedad intelectual y favoreció prácticas que no redundaron en beneficios para los pacientes.
En ese sentido, explicó que Argentina es “uno de los pocos países que todavía está afuera del Tratado Internacional de Patentes”, lo que impide una integración plena al sistema global. “A mí siempre me pareció que había que avanzar en que Argentina se incorporara al PCT, porque permite patentar en cualquier parte del mundo y que sea vigente para cualquier país”, indicó.
Pitta sostuvo que el problema se profundizó a partir de las regulaciones implementadas en 2012 durante el kirchnerismo: “Se han aprovechado muchísimo los amigos del poder para poder copiar sin hacer ningún tipo de desarrollo. El descubrimiento y el desarrollo principal lo hizo otro, con toda la inversión en ensayos clínicos, y acá simplemente se copia sin respetar una patente”.
Al analizar el funcionamiento del sistema, aclaró que si bien los biosimilares requieren cierto desarrollo, “no es lo mismo que haber hecho toda la investigación original”, y remarcó que la falta de protección de patentes generó un escenario donde “cualquier laboratorio puede sacar una copia porque la fórmula queda liberada”.
Además, cuestionó el argumento de que este esquema permitió abaratar medicamentos: “No es verdad que los precios bajan. En Argentina uno mira el precio del original y el de la copia y prácticamente es igual. Tenemos los precios más caros del mundo en medicamentos”. Según explicó, en otros países, cuando expira una patente, los genéricos bien desarrollados sí generan una baja de precios, algo que “acá no ocurre”.
La investigadora también se refirió al fenómeno del “evergreening”, una práctica utilizada por algunos laboratorios a nivel mundial para extender patentes con modificaciones menores. “Todos los países tratan de evitar eso, pero en Argentina directamente se trató a todos los casos como si fuera lo mismo y se bloqueó el sistema de patentes”, explicó.
En esa línea, consideró que el actual esquema favorece un negocio concentrado: “Es un enorme negocio y nadie se quiere meter con estos titanes, porque ponen dinero en muchas áreas”. Incluso reveló que desde el propio gobierno le pidieron que impulse el apoyo del sistema científico a estas reformas: “Me dijeron que los científicos deberían apoyar esto porque los favorece, pero es imposible. Hay animosidad con el gobierno y además muchos dependen de financiamiento privado”.
Pitta también apuntó contra la falta de información y el relato instalado: “Hay una gran hipocresía en torno a este tema. Se construye una fantasía de que esto es para bajar precios y lograr igualdad, cuando es exactamente al revés”. Y agregó: “La gente no conoce los precios en el exterior. Cuando viaja y compra un medicamento, se da cuenta de que es mucho más barato que en Argentina”.
En ese contexto, fue categórica al diferenciar entre genéricos reales y lo que ocurre en el país: “En Argentina casi no hay genéricos, hay copias. Y ni siquiera se hacen estudios de bioequivalencia. Un genérico debería ser más económico, y aun así daría ganancias, pero acá los precios son equivalentes al original”.
Finalmente, vinculó esta problemática con el comportamiento del sistema científico y la política durante la pandemia: “Yo me convertí en una paria en el sistema científico por decir lo que pensaba, por ejemplo sobre la Sputnik. Muchos colegas sabían lo mismo pero se callaron para no enfrentarse al gobierno”. Y concluyó: “Espero que se haga justicia, porque en cualquier otro país del mundo, por situaciones como esas, ya habría gente presa”.
