Por Fede Casas
Luego de la dura derrota que sufrió el gobierno el 6 de agosto en el Congreso, el gobierno busca retomar la iniciativa política el próximo miércoles 26 en Diputados. La mutilada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada no será de la partida en el temario, y quedaría “en el freezer” hasta nuevo aviso. La movilización y el repudio popular, por el momento, han logrado algo más que la caída de algunos capítulos. En ese cuadro, el oficialismo llevará al recinto otros temas: La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el proyecto de “Inocencia Fiscal 2”, y algunos temas que son moneda de cambio con los gobernadores por sus votos, como la rebaja del IVA a la producción de mandioca y sus derivados (particularmente pensada para contentar al misionero Passalacqua).
A estos temas, que venían tratándose en comisiones los últimos días, se suma uno que ya tiene dictamen desde el mes de mayo: la adhesión argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés). Se trata de un nuevo capítulo de sumisión colonial de Milei al imperialismo norteamericano. La adhesión a este tratado fue una de las exigencias de los Estados Unidos, que el gobierno argentino asumió como compromiso en el acuerdo comercial que se firmó en febrero de este año. Recordemos que dicho acuerdo aún no fue enviado al Congreso argentino. Si bien el gobierno de Milei lo considera vigente, la parte que le correspondería al país norteamericano, con excepción de una mejora en la cuota de importación de carne argentina, no está siendo cumplida luego de la resolución de la Corte Suprema de ese país suspendiendo la quita de aranceles. Es decir que el gobierno quiere entregar esta adhesión a cambio de algunas pocas migajas.
Vale la pena señalar que este tratado llega a la Cámara de Diputados con una media sanción del Senado que data del 1998 (la media sanción a un tratado internacional no pierde estado parlamentario). En aquel momento fue Eduardo Menem como presidente de la cámara de senadores quien impulsó fuertemente su aprobación como una concesión del gobierno menemista a las presiones del imperialismo norteamericano, comandadas por el embajador James Cheek. Hoy el gobierno de Milei, con otro Menem a la cabeza de la Cámara de Diputados, retoma esa agenda entreguista a pedido de Trump y el embajador Lamelas, que en los últimos días hasta se arrogó el poder de veto a inversiones en nuestro país.
Un tratado colonial
Desde ya, el PCT y las distintas normativas en torno a los patentamientos operan como un mecanismo de apropiación privada del conocimiento socialmente producido. Por ejemplo, hoy en día si una empresa obtiene del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial la patente para un medicamento, obtiene automáticamente una exclusividad de 20 años en su comercialización.
La investigación científica y tecnológica es el resultado del trabajo colectivo de generaciones de trabajadores, investigadores, científicos y universidades. Las investigaciones en nuestro país, y en gran parte del mundo, son financiadas en gran medida con recursos estatales. Sin embargo, bajo el capitalismo, los resultados son monopolizados por un puñado de empresas que obtienen rentas extraordinarias mediante la exclusividad comercial y la restricción artificial del acceso al conocimiento.
En el caso de este tratado, sus impulsores alegan que “simplificaría” los trámites para que los “científicos, investigadores e inventores argentinos” (y empresas, algo que suelen omitir cuando argumentan) puedan solicitar sus patentes en otros países. Los datos históricos sobre la aplicación del PCT, al cual están suscriptos 158 países, desmienten categóricamente esto, y lo muestran como un instrumento para acentuar una asimetría estructural y una dominación imperialista. Según datos oficiales, hasta el 2017 más del 92% de las solicitudes de patentes en el PCT se concentraron en 15 países, con Estados Unidos (23,25%), China (20,07%), Japón (19,80%) y Alemania (7,80%) a la cabeza.
En América Latina la adhesión de distintos países a este tratado también ha sido parte de acuerdos comerciales o instrumentos similares con Estados Unidos. Es el caso de México, Ecuador y Colombia, donde a partir de la adhesión se incrementaron las solicitudes de patentamiento extranjero y se redujeron sensiblemente las solicitudes de patentamiento nacional.
El PCT dificultará el acceso a los medicamentos
El impacto más inmediato, y también más criminal, de la adhesión del PCT será el encarecimiento de los medicamentos y tratamientos médicos, y la dificultad que eso conlleva para su acceso. En un país con las obras sociales quebradas, como es el caso del Pami (https://prensaobrera.com/politicas/pami-luchas-de-cupula-jubilados-sin-atencion), y con salarios destruidos, esto profundizará una crisis de la salud de la población en grandes proporciones.
Lo que ocurre actualmente es que nuestro país tiene normativas que han facilitado la producción de medicamentos “genéricos” una vez concluído el plazo de exclusividad de una patente, evitando hasta cierto punto el patentamiento “secundario”. Estos medicamentos tienen precios mucho menores para la población, y más allá de que la industria de los genéricos no rompe con la mercantilización de la salud (cartelización de precios, etc), se consiguen habitualmente entre un 40 y un 80% más baratos.
La adhesión al PCT dinamitaría la normativa vigente, y permitiría un alto nivel de patentamiento secundario que bloquearía la producción de “genéricos”. Esta práctica, conocida como evergreening, consiste en el patentamiento de formas alternativas, polimorfismos o nuevas formulaciones de compuestos ya conocidos, con el fin único de estirar artificialmente los monopolios de comercialización de una patente más allá de su vencimiento primario. Es una práctica muy extendida: En el marco del PCT, se calcula que el 60% de las solicitudes de patentamiento farmacéutico son patentes secundarias.
Hace unos años, el asesor de la OMS, la OMC y la ONU, Carlos María Correa, denunció en un seminario sobre el PCT una “banalización de las patentes” y una estrategia de “inventar patentes y no patentar inventos”. Luego señaló algunos casos emblemáticos como el de la insulina, patentada por primera vez en 1924, aunque actualmente los laboratorios Novo Nordisk, Sanofi y Lilly tienen registradas 834, 444 y 254 patentes respectivamente, y el caso del Omeprazol, patentado por primera vez desde 1984 pero que por el patentamiento secundario estuvo “protegido” (monopolizado) hasta 2022 en algunos países. El de la insulina es un caso paradójico, si tenemos en cuenta que sus descubridores vendieron la patente a $1 dólar por considerar que el descubrimiento debía ser “patrimonio de la humanidad” para garantizar la salud…
La apropiación privada del conocimiento y el desarrollo científico en Argentina
La adhesión al PCT representaría, además, una profundización de una política que podríamos denominar de “extractivismo tecnológico”, que se desenvuelve en nuestro país hace ya tiempo. También implicaría el reforzamiento del lucro y de la apropiación privada de la salud, como lo vimos claramente durante la pandemia, cuando el imperialismo protegió las patentes de las vacunas en lugar de liberarlas para salvar vidas, como reclamaban los movimientos sociales y populares, los expertos científicos y los profesionales de la salud.
Mientras el gobierno de Milei ahoga a las Universidades Nacionales, liquida el presupuesto del Conicet y despide a 400 becarios posdoctorales, y empuja a la fuga de cerebros con salarios de miseria, el capital privado se apropia de las investigaciones financiadas con fondos públicos y realizadas por científicos e investigadores formados principalmente en las Universidades públicas. Un ejemplo de esto fue la producción de tiras reactivas de dengue creadas en plena epidemia por la Unsam en 2020 con fondos públicos pero comercializadas de forma privada. Bajo el PCT, este mecanismo de subsidios multimillonarios encubiertos a las empresas pasa a operar en escala global para beneficio de un puñado de multinacionales.
El pacto entre la burguesía nacional y el imperialismo
La adhesión argentina al PCT estuvo varias veces en agenda parlamentaria luego de la media sanción de 1998. Recientemente, bajo el gobierno de Macri hubo un intento de avanzar en su tratamiento pero no prosperó. Uno de los motivos de esta situación es el enfrentamiento entre la burguesía nacional representada por Cilfa (la cámara de las empresas farmacéuticas argentinas, que integra la Unión Industrial Argentina) y la Caeme (la cámara empresarial de laboratorios extranjeros, principalmente yanquis). Desde ya, cada uno aborda este debate defendiendo sus intereses en función de sus negocios, no del interés general de la población trabajadora de garantizar el acceso a los tratamientos médicos y a los medicamentos.
La nueva maniobra del gobierno de Milei para avanzar con el proyecto es hacer una “reserva” del Capítulo 2 del tratado, que versa sobre el “examen preliminar internacional” para la obtención de una patente. Según afirman, con esto se “amortiguaría” la presión imperialista sobre el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial para que los laboratorios locales sostengan sus negociados en el país. Una pirueta donde la burguesía nacional y Cilfa capitulan respecto a sus posiciones anteriores, y vuelven a mostrar su sumisión al imperialismo a cambio de proteger cierta tajada del negocio.
Nuestra salida
La banca del Partido Obrero y el FIT-U rechaza de plano esta nueva entrega y planteamos una salida de fondo. En ese sentido, Néstor Pitrola y Romina Del Plá, excluidos de las comisiones que trataron el tema en mayo, presentaron formalmente un texto con “observaciones” de rechazo al dictamen de mayoría.
En ese texto plantean el rechazo a la adhesión al PCT y el acuerdo de sumisión colonial con el imperialismo yanqui, la nacionalización integral de la industria farmacéutica y de los sectores estratégicos bajo control de los trabajadores, la triplicación del presupuesto de ciencia y técnica con un inmediato aumento salarial para investigadores y docentes, y el planteo de un sistema universitario y científico-tecnológico al servicio de las necesidades populares.
Al mismo tiempo, se integra el planteo de que el conocimiento científico debe ser un patrimonio colectivo de la humanidad, libre de las ataduras del lucro y la especulación financiera. Finalmente, las patentes y los derechos de propiedad intelectual en la etapa actual de un capitalismo en descomposición no constituyen incentivos a la invención, sino fuertes trabas para el desarrollo de las fuerzas productivas y un obstáculo manifiesto a la satisfacción de las necesidades humanas básicas.
Una política de defensa de los intereses de los trabajadores debe rechazar tanto la ofensiva recolonizadora de los monopolios farmacéuticos imperialistas que quieren la adhesión al tratado, como el proteccionismo corporativo de la burguesía nacional de los laboratorios locales, que usufructúa la miseria popular cartelizando precios de los remedios.
origen: https://prensaobrera.com/politicas/tratado-de-patentes-colonialismo-menemismo-y-nueva-capitulacion-de-la-burguesia-nacional
Origen: Tratado de Patentes: colonialismo, menemismo y nueva capitulación de la burguesía nacional
