La rapidez con la que México abrió el mercado de medicamentos a la industria farmacéutica brasileña, quitándole trabas regulatorias, ha generado molestia entre las empresas nacionales, y no precisamente por el hecho en sí, sino porque el país sudamericano no ha respondido con la misma apertura. canas?
En abril de este año, el secretario de Salud, David Kershenobich, viajó a Brasil para fortalecer la cooperación en salud, regulación sanitaria, biotecnología, innovación y transferencia tecnológica y apenas unos meses después, México ya dio un paso concreto: publicó en el Diario Oficial de la Federación los lineamientos para que COFEPRIS reconozca las decisiones de ANVISA y permita una vía regulatoria abreviada para medicamentos brasileños.
El mecanismo es de largo alcance y aplica para moléculas nuevas, genéricos, biotecnológicos, biocomparables, productos biológicos y vacunas, y establece un plazo máximo de 45 días hábiles para resolver las solicitudes.
Es decir, entre aquella visita de abril y la llegada de la delegación brasileña a México prevista para el 21 al 23 de septiembre, la relación pasó de los acuerdos y la cooperación a una herramienta concreta para facilitar el acceso de productos brasileños al mercado mexicano.
Y aquí viene el pequeño detalle que ya incomoda al sector: la industria acusa que del lado brasileño no existe una reciprocidad equivalente. No se observan, dicen, avances similares para acortar tiempos o facilitar con la misma rapidez la entrada de empresas y medicamentos mexicanos a Brasil.
Entonces la pregunta es: ¿por qué México concede la facilidad sin que, aparentemente, esté exigiendo una facilidad equivalente?
Porque si COFEPRIS puede reconocer el trabajo de ANVISA para evitar duplicidades y resolver en un máximo de 45 días, resulta inevitable preguntarse qué está negociando México para que las empresas nacionales encuentren una ruta comparable cuando quieran entrar al mercado brasileño.
Decisiones con tinte político
El momento político no puede ignorarse. La relación entre México y Brasil se ha venido ampliando en distintos frentes, en un momento en que la presidenta Claudia Sheinbaum y el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva buscan profundizar la relación bilateral y fortalecer los vínculos entre las dos mayores economías de América Latina.
Ese acercamiento ocurre, además, en un contexto geopolítico particular: la presión y las decisiones de Donald Trump hacia América Latina, incluida su política comercial, han llevado a México y Brasil a mantener una comunicación más estrecha y a buscar espacios de cooperación y diversificación.
Y el contexto político no es un detalle menor: Lula llega a las elecciones de octubre con la derecha bolsonarista respirándole en la nuca, mientras una oleada de figuras y gobiernos de derecha gana terreno en América Latina. En ese escenario, Brasil sigue siendo uno de los pocos contrapesos de izquierda de peso en la región, junto con México.
Así este acercamiento entre México y Brasil se ha extendido a sectores estratégicos: salud, biotecnología, tecnología farmacéutica y, también, energía, con los acuerdos de cooperación entre Pemex y Petrobras (en junio pasado, las petroleras firmaron un memorando de entendimiento para intercambiar conocimiento técnico y explorar oportunidades de cooperación en exploración, producción y transformación de hidrocarburos, además de marcos regulatorios, siendo éste otro indicador de la profundidad que está adquiriendo el acercamiento entre países).
Por eso la llegada a México en septiembre próximo de empresas brasileñas, acompañadas por el ministro de Salud Alexandre Padilha, puede tener una lectura que va más allá de lo sanitario.
Algo que sí está claro es que, Brasil viene a México cuando la puerta regulatoria ya está abierta y lo que falta a la industria mexicana es saber es qué está poniendo Brasil sobre la mesa para las empresas nacionales.
Porque una relación estratégica entre dos países es más que bienvenida, pero lo que no debería serlo es una relación en la que las facilidades viajen más rápido en una sola dirección.
¡Ojo! La industria farmacéutica no está pidiendo cerrar la puerta a Brasil, pero está pidiendo algo mucho más elemental: que México no abra de par en par una puerta que Brasil mantiene entreabierta para los mexicanos.
Medicamentos falsificados: ¿qué hay detrás del consumo que pone vidas en riesgo?
En Mirada Clínica hemos abordado en semanas pasadas la problemática de los medicamentos falsificados y los riesgos que representa. El tema, sin embargo, está lejos de ser sencillo: la propia industria reconoce que se trata de un fenómeno amplio, complejo y que no puede combatirse desde una sola institución.
Ahora, la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF) prepara un estudio para intentar identificar su origen, con una investigación que incorpora una perspectiva antropológica y social.
La apuesta resulta relevante porque busca aportar información sobre un problema que rebasa el ámbito de la propiedad intelectual y que puede representar un riesgo para quienes consumen un medicamento sin saber que “pudiese estar alterado”.
El estudio todavía está en proceso y sus resultados no se han dado a conocer, pero el planteamiento es que a partir de este trabajo podrían emprender posteriormente una campaña.
La investigación se inserta en una discusión más amplia dentro de la industria. “El tema de la falsificación de medicamentos es amplio, es complejo, pero no es nuevo”.
Y si el problema es complejo, la respuesta también tendría que serlo. Para la AMIIF, no basta con atenderlo desde la propiedad intelectual ni desde una sola autoridad.
“No solamente es el IMPI, no es COFEPRIS, es seguridad, hasta medio ambiente”.
Por ello, la asociación plantea retomar una mesa de trabajo multisectorial que permita atacar el problema desde distintos frentes, con la participación de Aduanas, COFEPRIS, seguridad, medio ambiente e industria.
La dimensión institucional del problema también es reconocida desde la Secretaría de Economía. De acuerdo con la dependencia, existe “un esfuerzo colegiado entre la Secretaría de Salud Federal, básicamente con Aduanas, Secretaría de Seguridad Pública y Secretaría de Economía, así como Secretaría de Hacienda”.
El tema, se señala, es “muy delicado” y “de muchos factores”. La coordinación entre dependencias aparece así como uno de los elementos centrales para enfrentar la falsificación.
A esta estrategia se suma el fortalecimiento de la normatividad y la aplicación de sanciones. “Estas cosas se dan con dos pilares fundamentales: incentivos y sanciones”, se plantea desde la Secretaría de Economía.
El mensaje es contundente: “Quien no cumpla la ley, se le debe sancionar ejemplarmente”, porque “ponen en riesgo la vida de la gente”.
El otro componente son los incentivos para que las empresas nacionales y transnacionales tengan una mayor capacidad de producción, con “garantía de que no van a ser falsificados”.
Así, mientras desde el gobierno se habla de coordinación entre dependencias, fortalecimiento de la normatividad, incentivos y sanciones, la industria prepara un estudio que puede aportar una nueva pieza para entender el fenómeno.
Mariluz Roldán y Claudia Juárez
Origen: Farmacéuticas brasileñas reciben vía rápida en México; ¿y las nacional | La Silla Rota
