Las multinacionales farmacéuticas, enfrentadas a la resistencia de las capitales europeas sobre la fijación de precios de los medicamentos, están recurriendo a una estrategia que les reportó éxitos recientes en Gran Bretaña: amenazar con retirar inversiones y planes de expansión para presionar a los responsables políticos.
El último objetivo ha sido Alemania, que debate actualmente una legislación para recortar el gasto en fármacos. La industria ya se anotó una victoria en Gran Bretaña cuando el Gobierno aceptó aumentar la partida destinada a medicinas como parte de un acuerdo más amplio para evitar los aranceles impuestos por Washington.
Pfizer envió una carta la semana pasada al canciller alemán advirtiendo de que sus inversiones en el país estaban en peligro debido a la política de precios, mientras que AstraZeneca alertó de que podría no lanzar nuevos fármacos en Alemania si las reformas salen adelante.
A principios de junio, Eli Lilly anunció que reduciría a la mitad una inversión prevista de 2.300 millones EUR, e incluso la alemana Boehringer Ingelheim afirmó que cancelaba planes de expansión por valor de 900 millones EUR. Ambas compañías señalaron como motivo la propuesta legislativa.
«La industria está encantada con la forma en que el Gobierno británico cedió ante su presión», afirmó Diarmaid MacDonald, de Just Treatment, un grupo de pacientes con sede en el Reino Unido. «Les encantaría ver a otros replicar esa capitulación».
El Ministerio de Sanidad alemán declaró esta semana que aún no se ha decidido nada y declinó hacer más comentarios sobre las deliberaciones parlamentarias.
ALEMANIA BAJO PRESIÓN
Los críticos sostienen que Gran Bretaña claudicó ante la presión del sector. Por su parte, el Gobierno británico señaló que el acuerdo de abril con Washington garantiza el acceso sin aranceles al mercado estadounidense, al tiempo que crea un entorno más favorable a la innovación para que las farmacéuticas generen empleos de alta cualificación.
Ahora, la presión sobre Alemania empieza a surtir efecto.
El lunes, una fuente gubernamental informó a Reuters de que se eliminarían algunos puntos del plan a los que se oponía la industria, sustituyendo un mecanismo de descuentos variables por uno fijo para calmar el temor a que la incertidumbre lastrara la inversión.
Aunque esta medida reduciría la inseguridad, fuentes del sector afirman que no resuelve las preocupaciones generales sobre el entorno de precios en Alemania. La propuesta de ley se someterá a debates parlamentarios en los próximos meses y podría sufrir modificaciones.
Las mismas fuentes indicaron que las farmacéuticas valoraron positivamente el acuerdo del Reino Unido, no solo por los cambios en el sistema de valoración y pago de nuevos fármacos, sino también porque incluía compromisos sobre innovación y acceso de los pacientes.
Diederik Stadig, analista sanitario de ING Bank, señaló que las farmacéuticas están actuando de forma más reactiva en Alemania frente a la estrategia más premeditada de Gran Bretaña, aunque coincidió en que ambos casos son similares.
«El Gobierno alemán hizo una propuesta: “queremos reformar los precios”. Y la industria respondió: “está muy bien, pero eso afecta a nuestra rentabilidad”», explicó.
Los aranceles, la política de precios de Estados Unidos, el ascenso de China y la rentabilidad del mercado estadounidense hacen que Europa sea menos atractiva en la actualidad, según Stadig. «La industria está haciendo que Europa sea plenamente consciente de ello».
UN CONFLICTO GLOBAL POR EL PRECIO DE LOS FÁRMACOS
La legislación propuesta en Alemania para limitar los costes, que crecen rápidamente en el sistema público de salud, ha situado al país en el centro de un conflicto más amplio entre las farmacéuticas y los gobiernos europeos que comenzó hace varios meses.
En Francia, la autoridad sanitaria nacional acusó en abril a las farmacéuticas de ejercer una «presión coercitiva» para influir en las evaluaciones clínicas, incluyendo amenazas de retirar medicamentos del mercado.
HollandBio, la asociación neerlandesa de biotecnología, afirmó que las empresas se están volviendo más cautelosas con las solicitudes de reembolso y que el país corre el riesgo de caer puestos en la lista de prioridades para el lanzamiento de fármacos.
Esta tensión se ha agudizado por el impacto en Europa de la política de precios de «nación más favorecida» impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, que pretende vincular los precios de los medicamentos recetados en el lucrativo mercado de Estados Unidos a los precios más bajos de otros lugares, incluida Europa.
Las principales farmacéuticas han alcanzado acuerdos con la Casa Blanca para reducir los costes de los medicamentos a cambio de exenciones arancelarias, lo que aumenta la presión para elevar los precios en otros mercados.
Algunos críticos ven la retirada parcial de Alemania como una señal preocupante del poder de negociación de la industria, aunque señalan que las naciones europeas también tienen influencia, dado que el bloque sigue siendo un mercado importante a pesar de ser menos rentable que Estados Unidos.
«Estados Unidos no es el único mercado del mundo», afirmó Sally Gainsbury, analista del centro de estudios sanitarios Nuffield Trust, aunque añadió que el acuerdo de precios entre el Reino Unido y Estados Unidos es, no obstante, una advertencia para Europa.
«La triste realidad es que esta “estrategia británica” implica que los sistemas sanitarios gastarán más, pero obtendrán menos beneficios para la salud de su población», concluyó.
