Un estudio de Ace Alzheimer Center Barcelona pone de relieve la elevada carga farmacológica entre las personas con deterioro cognitivo: el 67% toma cinco o más medicamentos y el 61,6% está expuesto al menos a un fármaco considerado potencialmente inapropiado o asociado a deterioro cognitivo. Los autores subrayan que estos tratamientos no son necesariamente la causa del deterioro, pero señalan la importancia de revisar periódicamente la medicación para mejorar la seguridad del paciente.
En las personas con deterioro cognitivo, no todo lo que afecta a su capacidad para pensar, recordar o desenvolverse tiene por qué estar relacionado directamente con la evolución de la enfermedad. La medicación que toman también puede influir en su estado cognitivo y en su seguridad, especialmente cuando se acumulan varios tratamientos. Un estudio de Ace Alzheimer Center Barcelona publicado en Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association pone cifras a esta realidad: el 67% de los pacientes con deterioro cognitivo atendidos en una clínica de memoria presentaba polifarmacia —definida como el consumo simultáneo de cinco o más medicamentos— y el 21% hiperpolifarmacia, con diez o más tratamientos. Además, esta carga de medicación aumentaba progresivamente a medida que lo hacía el grado de deterioro cognitivo.
Más allá del número de medicamentos, el estudio señala otro aspecto relevante: el 61,6% de los pacientes estaba expuesto al menos a un medicamento considerado potencialmente inapropiado o asociado a deterioro cognitivo. Este porcentaje aumentaba hasta el 74,5% entre quienes presentaban polifarmacia y hasta el 88,5% entre quienes tomaban diez o más medicamentos.
El trabajo ha analizado de forma retrospectiva a 2.379 personas que acudieron por primera vez a Ace para una evaluación cognitiva entre enero de 2024 y abril de 2025.
Cuando la medicación también forma parte del problema
En personas mayores y especialmente en aquellas con deterioro cognitivo, determinados medicamentos pueden tener efectos sobre el sistema nervioso central y afectar al rendimiento cognitivo. El estudio destaca, entre otros, la elevada presencia de benzodiacepinas y fármacos con efecto anticolinérgico, grupos que pueden estar relacionados con alteraciones cognitivas.
Esto adquiere especial importancia en el contexto de una clínica de memoria. Algunos efectos cognitivos relacionados con los medicamentos pueden mimetizar o agravar los síntomas de un proceso neurodegenerativo y añadir complejidad al diagnóstico. Por ello, los autores subrayan la necesidad de revisar de forma sistemática el tratamiento farmacológico de estos pacientes.
La revisión no implica que tomar muchos medicamentos sea necesariamente inadecuado. La polifarmacia puede estar justificada por la presencia de distintas enfermedades y necesidades clínicas. El reto está en comprobar periódicamente que cada tratamiento continúa estando indicado, valorar posibles interacciones y ajustar las dosis cuando sea necesario. En este sentido, el estudio también observa que un 20,8% de los pacientescon polifarmacia presentaba una función renal alterada, un factor relevante para la eliminación de determinados fármacos.
“En pacientes con deterioro cognitivo, la medicación debe formar parte de la evaluación clínica. Nuestros resultados muestran una elevada frecuencia de polifarmacia y de exposición a medicamentos potencialmente inapropiados o asociados a deterioro cognitivo. Esto no significa que estos tratamientos sean la causa del deterioro, pero sí que su revisión puede ser especialmente relevante para evitar efectos adversos y mejorar la seguridad y la calidad de la atención”, señala Xavier Morató, director de ensayos clínicos e investigador de Ace y autor del estudio.
La iatrogenia, un riesgo que también debe prevenirse
Cuando una intervención sanitaria puede generar un efecto adverso o contribuir a empeorar el estado de un paciente, hablamos de iatrogenia. En personas con deterioro cognitivo, este riesgo adquiere especial relevancia cuando se acumulan tratamientos, ya que algunos fármacos pueden afectar a la función cognitiva, interactuar entre sí o generar complicaciones que dificulten la evaluación y el manejo del paciente.
“Tratar más no siempre significa tratar mejor. La buena práctica clínica también implica revisar periódicamente qué necesita cada paciente, qué tratamientos siguen aportando beneficio y cuáles pueden estar generando riesgos innecesarios”, señala la Dra. Mercè Boada, directora médica de Ace Alzheimer Center Barcelona y autora participante en el estudio.
La inteligencia artificial para hacer visible esta complejidad
El estudio incorpora además la inteligencia artificial para superar una dificultad habitual en la práctica clínica: la información sobre los medicamentos que toma un paciente no siempre se encuentra registrada de forma estructurada, sino que parte de ella aparece en el texto libre de las historias clínicas. Para poder analizarla, los investigadores utilizaron un modelo de lenguaje (Mistral 7B) capaz de identificar y clasificar los tratamientos descritos en estos registros, y combinaron esta información con los datos de la receta electrónica.
El valor de esta herramienta está en poder convertir esta información dispersa en una visión global de la exposición farmacológica de cada paciente, un aspecto especialmente relevante cuando se busca identificar posibles riesgos asociados a la medicación y reducir el riesgo de situaciones de iatrogenia. Su aplicación abre así la puerta a incorporar el análisis automatizado de la medicación como apoyo a una atención cada vez más individualizada.
“Necesitamos una atención que mire al paciente en su conjunto. La inteligencia artificial puede ayudarnos a ordenar y hacer visible información que hasta ahora era difícil de analizar, pero la decisión de mantener, ajustar o retirar un tratamiento debe seguir siendo clínica”, concluye la Dra. Mercè Boada.